LA LIJA - en vivo en "Manola"

Sábado 31 de octubre.
Música Popular, Tangos, Celta, Barroco.
Primera Junta y J.J. Díaz, San Isidro: "Manola", 21:30hs.

Creo que te ví cortando flores (malagueña)

Yo creo que te ví cortando flores,

yo creo que te ví cortando flores,

como aquél niño, el hijo de María,

le da un regalo a su novia Simona

que luego besa parada en una esquina.

Yo creo que te ví cortando flores.


-No quiero el peso del mundo, de la vida,

no quiero el peso del mundo, de la vida-,

le dije a un árbol tan verde que verdea,

bajo su sombra fumando puro negro,

que con su brisa sintió mi pena tierra.

-No quiero el peso del mundo, de la vida.-


Le hizo cosquillas lo frío del rocío,

le hizo cosquillas lo frío del rocío,

en su nariz de punta de paloma,

y su estornudo tan preso de alegría

rompió el silencio del eco de la broma.

Le hizo cosquillas lo frío del rocío.


Visto que el hombre no tiene más remedio,

visto que el hombre no tiene más remedio,

hoy dejo todo cubierto de agonía,

pues todo amor posible se ha acabado,

y en cada puerto recuerdo que reía.

Visto que el hombre no tiene más remedio.


Recuerdo todo teñido de pasteles,

recuerdo todo teñido de pasteles,

la luna clara, el cielo, los amores.

Mas mi pincel cayó de la piragua

y ahora llena el río de colores.

Recuerdo todo teñido de pasteles.

Sobre-todo azul

Una vez más no estuvo a la altura de las cosas que pasan. Pero fue la última por importancia, acontecimiento que nomás de cagón dejó pasar pero que confiando en la posibilidad de determinar la exacta combinación de fuerzas que logra que en determinado lugar, en determinado momento, en determinado yo, exista la precisa distribución de afectos que se necesitan para que le vuelvan a pedir fuego, decididamente va a volver a hacerlo pasar. Una falla, algo que se rompe, el excedente se descubre cuando se interviene en el límite. Esa vez fue el tren que lo esperaba enlatado en el andén. Imposible subirse, imposible no dejarlo pasar. Más vale tirarse frente a él en movimiento. Gracias, le dijo en secreto al que murió. Ahora era solamente miembros despedazados, bañados en la misma sangre que mancha la trompa del primer vagón, el encargado de que la gente se ponga las manos en la boca y abra los ojos horrorizada frente al espectáculo. Pero el sacrificio fue necesario para el sucederse de la acción en otra estación, en otro momento. La falla, el mal funcionamiento, la demora, el colapso del sistema, el amontonamiento de gente. Excedentes. Doble agradecimiento a la víctima. Doble agradecimiento al anormal sucederse de la existencia, al vacío, a los blancos, a los negros, a las dos bolitas de colores que colgaban como guirnaldas de un arbolito de navidad oscuro detrás de su cabeza, confundiéndose en naturaleza.

sapito cantor

Una vieja me dijo

que un sapo contó

de la semilla sepia

que se traga el color.

 

Color que saltando

y riendo de vida

se enfrenta celoso

a una aliada divina.

 

Y saltando el sapito,

queriendo a la vida,

enamora la copla

de una piedra, herida.


-Ahora la copla-,

la sierra ordenó,

-la tiene tu sangre

que canta por vos.-

 

Padece el sapito

en cada canción

y golpe de caja

que acompaña su voz.


-Te digo mi Lucía,

por primera vez te digo,

que tus pies morenitos

acaricien el río.-

 

-Te digo mi Lucía,

por primera vez te digo,

que los cerros rosados

te tengan de abrigo.-

 

-Y a vos, mi Leli,

mi Leli chiquitita,

las cosas del mundo

no son suavecitas.-


Sonroja la Leli,

se abraza al amor,

me quita los ojos

y mira hacia el sol.


Mi Lucía, mi Leli, mis dos alegrías.

No olviden la tierra que la higuera sería,

subida en deshechos que fueron volcanes,

-vayan pero visiten-, se los pide su madre.

ay de mi luna, lunita


Hay un triángulo en el cielo que forman dos estrellas y las puntas de la media luna. Quilla parece polea de un trapecio en el cual se balancea equilibradamente, de un lado hacia el otro, la angustia del mundo. 


El sudor del trapecista que garúa sobre la tierra es lágrima que padece el amor.


Sin embargo, la luna al revés nos devuelve alegóricamente la sonrisa. La cuestión surca el hecho de que el circo es tan alucinantemente verdadero que harían falta mil titanes para poder dar vuelta mi luna haciendo que mi angustia se derrame junto con el río,


y de la mía,


de mi cara,


y de las suyas,


curtidas,


amanezcan sonrisas.

Tabla períodica.

Especie, casta, raza, clase, tipo, y vos. Pero antes Descartes, antes el yo. Dicen que la gente siente, que las personas lloran, que los hombres son afectados por diferentes cosas, que los humanos tienen la capacidad de querer. Resulta difícil compartir esas opiniones cuando uno tiende a renunciar a la vida o a dejarse llevar fácilmente por ella. Ni siquiera está claro lo que la vida es, lo que de verdad existe. No es fácil no poder secarse las lágrimas o no poder dejar de sonreír, ni tampoco es sencillo explicar por qué hay ciertos momentos en que son las lágrimas, y no las que surgen después de carcajadas ininterrumpidas, las que ofuscan los músculos de la cara. Quizás sea yo un excéntrico, un monstruo, una flor. Quizás sea yo el que no puede comprender porque no me comprenden. Creo en el estar despierto pero también creo en la incapacidad de actuar, de vivir, de olvidarse estando envuelto en un halo de tristeza, de desilusión, de desesperanza, de vergüenza. No encuentro escape de ese nicho perturbador, represor. Y es uno el que sin lugar a alternativas elige envolverse en él. No sé si lo elegí o hay algo más fuerte que uno que no lo deja elegir. Y es todo por sentir, es todo por vivir.

No me he encontrado nunca más sólo. Sí reconozco que hay otras figuras, otras sombras que me rodean y que hacen que los demás me digan que no estoy sólo, que tengo otras personas a mi alrededor. Pero de entre todas esas sombras hay una sola que se distingue y que tengo al lado. Al igual que para mí, sin embargo, debo ser sombra para ella. No encuentro otra razón para lo que siento, para la desolación en lo urbano. Es la única persona que necesito que me reconozca, que me distinga de lo negro y de lo difuso y que me vea claro tal como yo la veo a ella, tal como ella resalta por sobre la muchedumbre por alguna característica que dejó de ser física hace mucho tiempo. Pónganme delante una estampida de mujeres y inconcientemente tendería a abrazarla solamente a ella. Hay algo que me llama, hay algo que me hace mirarla, prestarle atención siempre, sentirla siempre, pensarla siempre. Creía que yo podía llegar a ser esa persona desde otro lado, pero se me ha roto la armadura. Ya no tengo ninguna esperanza dentro de lo que estoy viviendo, ya no encuentro otra razón para sonreír. Las escondo, las oculto, las encierro detrás de mi orgullo, detrás de la negación del llanto. Sonreiría cada vez que la veo, cada vez que la pienso y la recuerdo. Es desesperante el solo hecho de tenerla tan cerca, tan a mi lado, y tener que ocultar las innumerables reacciones de afecto que surgen dentro de mí. Y todo por saber que mi frustración más grande nace de la imposible reciprocidad, de la vergüenza que siento de mi característica de hombre. No quiero otra cosa que darle todo mi afecto, no quiero otra cosa que compartirme con ella. No me encuentro en soledad, mi necesidad de vida, mi vida, mis objetivos se reducen a compartirme. Desde que supe de ella y desde que llegué a conocerla entendí que no soporto materializar lo que llevo dentro en hojas y hojas, en canciones que escucho, en ráfagas que siento, en lugares que veo, en imágenes que de alguna manera u otra la traen al lado mío. Se quedan ahí como sentidos, como canciones, como ráfagas, como ciudades invisibles.

Nunca me he encontrado más sólo ni más lejos de mi hogar. Me rodea una sensación de miedo a todo. Soy un cobarde sin saberla en mí. Tengo miedo a salir, a irme, a quedarme, a conocer. Tengo miedo de volver a fallar como persona, tengo miedo de que vuelvan a negarme lo único que siento que me corresponde, ese altruismo sentimental que me lleva a amar más de lo que cualquier otra persona puede amar. Yo no soy más que lo que tengo para dar, y si puedo ser considerado egoísta no tengo problema en celebrarlo,  pero no puedo entregarlo como quien reparte caramelos en un cumpleaños. Hay que tener los huevos grandes para dejarse caer con los ojos cerrados en los brazos esperados. 

Fellini. Mil vidas, mil amores.

La indiferencia felina, su revolucionaria libertad, mil vidas, mil películas.

El yugo animalizado del mejor compañero se descompone en historia monumental

frente al jugueteo de la lana y el ronronear de afecto en el invierno.



Libertario inconsciente de la soledad del hombre.



Lamento de los mortales, susurro de inmortalidad.



Gatita de bigotes impasibles, gatita del mundo.



Quereme.

Al revés

Reinterpretame,
mirame de espaldas o de frente.
Empujame,
vertime gota a gota, valiente.

Tortura china,
empalamiento de amor, desquicio
bonito, caricias, bien
despacito.

Abrí bien los ojos, permanecé atenta.
La lluvia - sólo para algunos -,
interrumpiendo,
surge de la tierra,
coqueta.

Contrato


Llegó el momento, petisa.

Te falta actitud, sólo un poquito más y ya está. Te levantaste temprano y te chupaste un mate chupándolo fuerte por tapado en lugar de chuparte al amor.

No te excuses, petisa, ya lo escuché todo, lo entiendo tanto mejor que vos que solamente entendés los dos globos de cumpleaños que te cuelgan del pecho.

En lugar de tu mercancía bastarda podés elegir cualquiera menos el río. Vos sabés que ese es de
todos, el río, digo,

la vida.

Te podés ir si querés,

navegando,

remando,

soñando.

Pero que te quede claro, che. No comercio suspiros.

Y hoy amanecí lágrima


Y hoy amanecí lluvia.
Era de esperarse, puesto que
ayer adormecí lágrima.

Me enamoré con vos, Mario, con tu voz y tu palabra dócil y aguda, con tus afirmaciones de figuras retóricas verdaderas, con tus ganas de ser pueblo que fuiste y sos. Me enamoré con tus versos, intenté enamorar con tus palabras pero me parece que ya había paredes espesas, barreras levantadas de carácter y decisión que engañan con una fuerza más cobarde que el espacio que abren a las sensaciones tus susurros, tus declaraciones, tu rabia y tu furia, tu sinceridad romántica y desangrada, tu amor por el candombe y la tierra.
Tus últimos años fueron tus primeros aquí. Naciste en un invierno seco de quebrada. No estuviste siempre pero volvías a menudo a tomar mate besando y abrazando. Nunca pude ser Daniel y acompañarte con la bagüala porque Daniel era Laura y era ella la que venía con la tinta y la caligrafía de mujer verdadera, siempre escondiendo cosas en su bolso diferente. Hojas bellísimas adornadas con la naturaleza y con chocolates, hojas con grumos rústicas que aparecían tiernas cuando decían con vos que me querían. Y después cruzaste el mar volando, varias veces, no una ni dos, varias; parecía como si te extraviaste en el sur de la ciudad, en esas calles tan grises de pueblo asesinado, de Avellaneda. Sí, te perdiste entre puentes y estadios de fútbol enemigos buscando a alguien que llore con vos. Todo fue simultáneo, vos te fuiste hoy como ayer se fue Laura en el colectivo y yo me quedé ahí parado con los brazos abiertos de un abrazo invisible que no me animé a dar por pelotudo. El cielo negro, la policía fascista que se dobla ante el llanto porque sabe que es de amor y que aunque no lo tenga lo conoce. Y si le leo al pibe que me limpia el vidrio uno de tus poemas lo abrazo al pibe tan fuerte como si fuera Laura morocha. Igual le doy monedas y le trato de enseñar porque como dice Julio de los médicos, los pibes tampoco entienden las cosas más simples aunque las diga bien fuertes, gritando, bien fuertes, y me vea con los pelos desordenados porque me esparcí las lágrimas de los ojos hasta la frente. Al pibe también le pasó algo cuando me quiso tomar de prepo, nadie los toma de prepo a ellos. Tenías que llegar vos cuando se fue ella para que ponga cara de susto y después me mire y me quiera abrazar a mi porque en su casa no tiene a nadie y la mamá y el papá están con vos o trabajando de cualquier cosa. Y sí, al final, así, todo quiere ser regalo. Y qué más quiero que sigas volviendo en regalos de papel que me hacía Laura cuando todavía me tenía a mi para escribir. No importa si te escribía a vos porque no estabas en ese papel, ella escribía y vos aparecías así sin más en ella y los dos leíamos, los tres, volvemos a escribir en el aire. Y te quedaste atrás de las fotos, en las paredes, esperando para ser sorpresa como siempre lo fuiste, sosteniendo las imágenes sin decirnos nada porque ya nos olvidamos. Pero sos tan necesario siempre ahí atrás, como el río por el que flota la vida, el río que no se seca nunca ni aunque te lo tomes entero en una copita de grapa. Me diste tan poco tiempo para conocerte, Mario, pero a mi todavía me queda porque vos te quedás acá en Buenos Aires porque te gusta el puerto y el sur, porque te gusta Uruguay y el Che Guevara, porque a vos también te gusta Laura tanto como a mí aunque me tenés envidia porque te usé y te usaron para enamorarse las dos personas más lindas de la tierra. No te pongas mal, Mario, yo te prometo que me vas a ayudar de vuelta cuando deje la pelotudez de lado, no te voy a olvidar. Te prometo que cuando Laura vuelva le voy a decir que te invitemos a pasear por cualquier lado, a leerte mientras vos nos escuchás chupando un matecito desde algún lugar que me gustaría saber cual es pero que no tengo la más puta idea de donde está.
Ahora ni vos ni Laura están acá, Mario, Laura sí, pero me parece que está esperando a que yo me decida a leerte y a escucharte, a que te pida que la pases a visitar para después contarme que tengo que hacer y que palabras le gustarían escuchar. A abrir la ventana, a quererla sin preguntas, a que me quiera sin respuestas, ella, la de él.
Decinos por última vez que nos querés, Mario, a los dos, que nos querés porque somos tu pueblo, porque lloramos y nos enamoramos con vos.
Decinos por última vez que nos querés que yo te aseguro que me dejo de joder y voy, que abro la ventana y te espero de vuelta. Te espero, Mario, te espero acá, le voy a preguntar a Laura si no le molesta esperarte conmigo, tomando mate o comiendo bizcochitos. Si escuchamos tango te vamos a poner a Troilo fumando un cigarrillo.
Te daría mil abrazos, Mario, mil abrazos que hiciste que me dieran.

18 de mayo, 2009.
A Mario Benedetti, poeta.

Tarsila del Mediterráneo


“Para que cante la vida…

…toca su caja la muerte.”


Es paradójico leer sobre inspiraciones de viajes por el oriente cuando fue Dionisio quien había viajado a Grecia desde el este para ser acogido por Apolo, salvándolo, y sometiendo al mundo a una “transformación mágica total (en la cual) la naturaleza celebra su festividad de reconciliación con el ser humano”[1] y fue Tarsila (o quizás quienes decidían en que orden iban a colocar sus cuadros en las paredes del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires)[2] quien retoma en algún sentido el efecto primaveral dionisíaco invitándonos a su fiesta que no es ya suya sino de todos y también de la naturaleza, salpicándonos de colores a través de los cuales nuestro vivir y existir comienza a pasar por otro lado. Pasamos a reconocer como único anhelo el solo hecho de vivir desmesuradamente. Y este vivir desmesuradamente se vuelca en la perfecta relación y unión entre el hombre y la naturaleza, el hombre en el bosque, el hombre salvaje.

Pero no fueron la abundancia de color ni las obras lo que me llamó la atención luego de haber deambulado entre la gente y entre los cuadros y entre ese espacio temporal en donde caí cuando pasé frente a las dos obras de la Unión Soviética. Qué fuerte es el despertar abrupto de los sentidos un sábado por la mañana. Debe ser así para que resuenen en mi cabeza ecos de representaciones, de ideología, de símbolos, de interpretaciones, de embriaguez y sobriedad. Debe ser así para que sea constante el intento de dejarlos atrás, de huir de ellos y sentarme en el único banco de la plaza de la pura y subliminal expresión y sensación.

Dionisio había viajado desde oriente para que, mediante la ayuda de Apolo, el mundo griego vuelva a reencontrarse con la naturaleza y la voluntad del vivir. Es otra realidad la que se esta poniendo en juego mediante el arte dionisiaco. Es la realidad que presenta Tarsila do Amaral en, principalmente las obras que fueron fruto de sus viajes por el Brasil. Vuelve a invocarse la idea del viaje como huída pero también como voluntad. El viaje hace que dejemos cosas detrás, para reinventarnos en otras formas. Tarsila se reinventa en pechos morenos y caucásicos, en labios gruesos, narices fálicas y soles de limón. Ya no es más ese Brasil recorrido, es un Brasil nuevo, diferente, que se nos ofrece a nosotros como la oportunidad para algo nuevo, para dejar atrás al individuo y convertirnos en dioses. No es que la obra de la artista brasilera se me aparezca como la oportunidad de redención, como si ella fuese la alquimista liberadora de las miserias del hombre moderno. Ella no llega hasta ese plano. Ese fue el problema. El plano es un plano mucho más general. El arte se nos aparece como oportunidad. Y ese nosotros mencionado nos incluye tanto a aquellos que podemos llegar a disfrutar de la obra (disfrutar también en un sentido amplio, el placer contenido también en “…las cosas serias, tristes, oscuras, tenebrosas…”)[3] como también al artista creador, aquel que no esta ajeno al goce, pero cuyo goce es mucho mas profundo en cuanto él es el que crea, él es el que muere en la obra.

Tarsila no muere con la obra, ella sigue viajando. Siempre decide volver. Nunca deja del todo lo anterior. No se si es Tarsila, o los que armaron la muestra. Pero nunca nos vamos de Brasil, quizás de otro Brasil que el que conocemos. Pero nunca lo dejamos. Siempre volvemos. Giramos y Brasil esta allí. Quizás pasemos por Oriente, por la Unión Soviética, pero siempre los caminos regresan a los morenos, a las favellas, a colores vivos y caribeños, a la pobreza mirada desde el lado de la belleza, a los lindos pobres. Logré emprender el viaje, pero no me convertí en viaje. Tarsila es una artista, no es un dios. Ella no muere en la obra, no muere con la obra, ella no se convierte en su obra de arte. Quizás ella logre morir en su acto, pero a mi “no me mata”.

La idea de muerte no se me presenta como idea negativa, sino como la única posibilidad física cercana que el hombre conoce para escapar. Ya Nietzche había presentado a Apolo y a Dionisio como antítesis estilísticas que caminan juntas casi siempre luchando. El casi implica el no siempre. Y ese no siempre lo presenta como UNA VEZ, un instante, un momento único e irrepetible en donde, amigándose, fundiéndose, la voluntad florece y nace la tragedia. Me he puesto a pensar sobre mis momentos dionisíacos y apolíneos, y de una cosa me he dado cuenta: nunca esos momentos aparecen juntos. Siempre se me presentan como momentos diferenciados, aunque sea por una milésima de tiempo, esa instante pequeñísimo los diferencia. Embriagarse, entrar en un éxtasis dionisíaco puede llevarnos a pensar en nuestras responsabilidades apolíneas en algún momento de nuestra travesía. Aquí ya existe una separación. Los momentos no confluyen. La búsqueda incesante por ese instante único e irrepetible en donde la voluntad por la vida florezca es la añoranza de todo artista. Lo mismo nos dice la tragedia creada por esta unión de deidades. Durante la tragedia griega los personajes creen y buscan tener la razón. La lucha incesante finaliza con la muerte de los personajes. Esa muerte, ese instante, aparece como el momento en donde todo confluye, en donde ya no se necesita pensar en otro, en donde todos tienen razón porque la razón no existe, porque en lugar de aprender hemos desaprendido, porque en lugar de saber, sentimos. Y sentimos porque pertenecemos a otra comunidad con otra lógica y con otra verdad. La muerte trágica ya no se ve como un fin, como el fin de la vida, sino como “una acción sustitutiva en la que se anuncian nuevos contenidos en la vida del pueblo”[4]. Por medio del símbolo de la muerte lo que se quiere expresar es la creación de algo nuevo, de algo diferente a lo anterior, de algo que solamente puede ser conocido cuando se experimenta, de algo que solamente puede surgir de la coexistencia de opuestos irreconciliables[5].

No quiero morir para redimirme. Lo que necesito es confluir con lo que es extraño, con lo que es opuesto, con lo imposible. Vivir después de la muerte. Vivir después de lo desconocido. Tarsila me hizo conocer, pero no atravesar la frontera. Por lo menos esa es mi sensación. Me embriagó con un alcohol suave. Mi sueño duró poco, volví a ver “lo espantoso o absurdo del ser hombre”[6].

“Por fin comprendí. La frontera entre nuestros dos mundos se había borrado a causa de la niebla. El cuervo, que se imaginaba volar a su altura acostumbrada, vio de pronto un espectáculo sobrecogedor, contrario para el a las leyes de la Naturaleza. Había visto a un hombre que andaba por los aires, en el corazón mismo del mundo de los cuervos. Había presenciado una manifestación de la rareza mas absoluta que puede concebir un cuervo: un hombre volador…

Ahora, cuando me ve desde arriba, lanza unos pequeños gritos, y yo descubro en ellos la incertidumbre de un espíritu cuyo universo se ha desquiciado. Ya no es, ya no volverá a ser jamás como los otros cuervos…”

El Retorno de los Brujos

[1] Nietzche, Friedrich; El Nacimiento de la Tragedia; Alianza Editorial, Madrid 1973, Pág 237.

[2] Digo que quizás fueron ellos los responsables ya que la obra de arte necesita, una vez independizada del artista y objetivada materialmente, de un espectador. Es condición obligatoria la existencia de un espectador, de alguien que mire, escuche, sienta la obra.

[3] Nietzche, Friedrich; El Nacimiento de la Tragedia; Alianza Editorial, Madrid 1973, Pág 231.

[4] Benjamin, Walter, El Origen del Drama Barroco Alemán, Taurus Humanidades, Madrid, 1990, Pág. 95.

[5] “hacer surgir la configuración de la idea como una totalidad caracterizada por la posibilidad de una coexistencia razonable de tales opuestos” Benjamin, Walter, Ibidem, Pág. 30

[6] Nietzche, Friedrich; El Nacimiento de la Tragedia; Alianza Editorial, Madrid 1973, Pág 244.

Eso de lo que nos gusta reir

The Darjeeling Limited (Viaje a Darjeeling) – Dirección: Wes Anderson

Recordemos las películas anteriores de éste excéntrico cineasta del humor. Digo excéntrico porque los personajes que constituían a la familia Tenenbaum (sí, esos de los que muchos andaban con uniforme de gimnasia rojo y con muy poca pinta de atletas) o esos que aparecían junto a Bill Murray dentro del submarino de Vida Acuática (sí, esa persona de tez
oscura que imitaba a David Bowie) no pueden ser considerados o enmarcados dentro de lo que la sociedad describe como un ser corriente. De manera más simple, si nos cruzamos a uno de estos personajes de Anderson caminando por la calle no queda otra que mirarlo con ojitos de desconcierto y de curiosidad.
Es exactamente lo que pasa con los tres hermanos que protagonizan el Viaje a Darjeeling (por lo cierto traducción paupérrima, como suelen ser las traducciones, del título de la obra que en realidad representa el nombre del tren en donde transcurre gran parte del film). Owen Wilson, Adrien Brody, y Jason Shwartzman se presentan con tres personalidades y tres maneras de hacernos sonreír y compadecer diferentes. Luego de un año de no haberse visto, Francis (Wilson) invita a sus otros dos hermanos a un viaje turístico por la India en donde en realidad encubre su objetivo de reestablecer una relación espiritual con ellos y reencontrarse con su madre. El momento no es el oportuno, ya que sus hermanos se encuentran en momentos difíciles, uno intentando sobrellevar la idea de separarse de su mujer a dos meses de que de a luz a su hijo, el otro, intentando reponerse de las miserias sentimentales del amor. De aquí es que la situación, que en realidad resultaría bastante desgastante, se torna irremediablemente có
mica.
Lo sutil radica en parte en el ambiente elegido para rodar el film. India. Cultura completamente contrapuesta a la occidental. Rasgos. Hay que prestarle atención al comisario de a bordo del tren, la barba del personaje resalta los ojos disciplinarios que se ridiculizan cuando la cámara enfoque el viaje desde afuera y se lo ve fumando un tabaco con la azafata. Todo es chico, finito, extraño. Ellos mismos son extraños para nosotros. La excelencia de los diálogos encuadra a los personajes dentro de una especie de realismo mágico en donde la exageración en los relatos, los actos, los movimientos hace que lo real se vuelva cómico y consternante a la vez. Son tipos raros y no hay nada más chistoso que la ridiculización de la exageración llevada al límite. Todo se da vuelta y la tragedia misma vuelve a ser feliz. Finalmente resulta bueno reír de cosas que no nos son familiares, y más cuando es esta clase de humor en donde lo que se
destaca y se invierte es lo negativo.
Un detalle para aquellos que la alquilen en DVD. Es absolutamente imprescindible ver el corto que antecede al film. Por más que cuando terminan sus minutos quedemos en una especie de obnibulación frente a lo incierto que pueda llegar a parecer lo que vimos en la pantalla, incertidumbre ante la casi nada.
Otro detalle más, y no es el último. La presencia de Bill Murray. No tiene ningún rol en el desarrollo del film sin embargo es completamente necesaria su aparición.
Por último, y ahora sí, luego del estreno de Shine a Light no hay nada mejor que hablar de sus majestades satánicas. No quiero excederme en el tema (me excedería y por demás si opino algo acerca de la majestuosidad en el manejo y creación de expresiones que tiene
un tal Scorsese considerado ya alquimista) adjudicándole importancia a un film (por cierto a un film que no le falta importancia) que no es competencia de estos párrafos, pero vale la mención de los Rolling Stones y la importancia que su tema Play with Fire tiene en este film de Wes Anderson. La canción suena completa y a la perfección. Se transluce con las imágenes y con la vista y la atención del espectador de una manera subliminal. Se puede decir que pestañar durante esos minutos se le hace a uno imposible. Quedamos hipnotizados. No quiero sacarle mérito a Anderson que seguramente eligió la música y brindó las imágenes, pero los Stones lo sobrepasan en esos pocos minutos del film.
Disculpen el desvío. Es el propio Anderson el que los involucro sin saber que a alguien como yo y muchos otros nos gustaban los Rolling Stones. Perdón, no es que nos gustan. Somos fanáticos.